El día amanecido primaveral, con el cielo que deja ver cirros de longitud interminable y formas caprichosas, decido leer las noticias desde el balcón y el frescor matutino termina por desperezarme. termino asomarme y en la calle no hay nadie y el silencio acompaña a la poca actividad que reina en la ciudad. Es domingo y de cuarentena, me digo a mis adentros tal vez para soportarlo mejor.
Hacer un diario da muchísimas satisfacciones, Me hace estar mas pendiente de lo que ocurre a mi alrededor, me hace pasar de otra forma el tiempo, ver los momentos que se viven como puramente anecdotista y en general hace cambiar la visión del momento aunque haya instantes, incluso jornadas, en que los sentimientos me pueden y se apoderan de mi.
También tiene su lado negativo, al tener un compromiso con el que me hace estar pendiente de lo que ocurre en todo instante crea un desgaste emocional, por no poder desconectar de la situación en ningún momento de lo que ocurre, aunque muchas veces estado tentado de olvidarme y renunciar. Por mucho que intente esa desconexión de la realidad y de lo que ocurre a mi alrededor y más allá, me doy cuenta que ni quiero ni puedo, es como que eso al mismo tiempo me hiciera estar vivo y el enfrentarme a la situación es vivirla aunque a veces frustre, entristezca y desespere, algo innato me dice que quiero saber en cada momento por mucho que me cueste y me desgaste, en los momentos que consigo romper ese vinculo emocional, se me van agolpando preguntas y "porques" que me hacen sentirme mas inseguro vulnerable, débil, muerto, poco útil y vuelvo a dejarme llevar por la acción y vivir con la intensidad que se merece esta desagradable vivencia de la cuarentena.
El soldado que esta en la trinchera es el que mejor puede contar la guerra y como la vive, en esta guerra hay muchas trincheras abiertas y mucha gente en el frente, cosa me lleva a pensar que tal vez no soy el mas adecuado para redactar cada día un diario, lo hago sobre todo para compartir con toda la gente que tiene que estar en su casa sin apenas salir y no poder ver una realidad ya que tengo el privilegio de moverme e ir a de trinchera en trinchera para enseñar algo que tenemos tan lejos y tan cerca que no tod@s podemos ver.
Estamos en una guerra en la que nadie se salva y cualquier persona es sospechosa de ser nuestro enemigo, cada persona y cada hogar esta en la linea de frente y yo solo soy un granito de arena que el arenal lo componemos tod@s los que vivimos como algo, que si la censura no lo prohíbe en su época, pasará a los anales de la historia.
Cada día a las 20 horas la gente se asoma a balcones y ventanas para vitorear a los que si están cada día en la linea de frente, que son muchos, pero sobre todo se enfoca a los sanitarios, a los valientes e increíbles sanitarios que cada tienen que torear con el enemigo invisible y que muchas veces luchar con pocos recursos y en situaciones extremas. Al principio me hacían gracia esos vítores, era como una manera de decirnos a tod@s que estamos vivos, pero con el trascurso de los días, los vítores se me van convirtiendo en una situación inoportuna y fuera de lugar sobre todo porqué pienso que no hay nada que celebrar con cifras así y que aun quedan por crecer.
Muertes
58.787
11.198 en España
Vivir la muerte de un familiar si ya es tormentoso, lo es mas durante estos días de cuarentena, los familiares son llamados por teléfono desde el hospital anunciándoles la trágica noticia sin poder despedirse de ellos y a cambio entregan una urna con sus cenizas.
| Imagen de archivo. Foto: Toni Munar |
Contados ayuntamientos han colocado banderas a media asta en homenaje a las victimas, se habla de ellas como si fuesen un dato estadístico más, como si no hubiera un profundo sufrimiento tras esa cifra que va engordando cada día y que los políticos anuncian sin inmutarse ¿Alguien ha hecho un simple homenaje, un simple minuto de silencio, de verdad hay algo que vitorear?






