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jueves, 2 de abril de 2020

DIA-XIX

Abro las persianas al despertarme, el día amanece soleado, se escuchan unos truenos en la lejanía lo cual evidencia que en alguna parte de la isla el momento no debe ser tan apacible. Me asomo al balcón, la calle esta mojada, otra noche más lluviosa, y yo sin enterarme.
Por primera vez oigo el piar de las golondrinas, la primavera ya esta aquí para quedarse y yo sigo sin publicar fotos en color hasta que no pase toda esta pesadilla. 
Mientras desayuno leo las noticias, todas las portadas de los diarios tanto locales como nacionales anuncian que ayer se tuvo el pico más alto en cuestión de fallecidos. Esos titulares me ayudan a decidirme donde voy a ir hoy a piñón fijo.
Hago todo el ritual ordinario antes de salir de casa, bajando en el ascensor cargo la tarjeta de memoria  a Cris, me la cuelgo al cuello y por fin salimos a la calle.
Las victimas del covid-19 afecta mayoritariamente, pero no solamente. a la gente de edad más avanzada.

Foto: Toni Munar

Desde que nacemos y durante toda la vida nuestro organismo es bombardeado constamente por hongos y virus, que muchas veces nuestras defensas eliminan sin crearnos ningún síntoma. Quien se encarga de tal hazaña bloqueando su propagación son dos tipos de linfocitos de celulas sanguineas; los linfocitos B y T. Los linfocitos B se encargan de producir anticuerpos sobre el virus que nos amenaza, mientras que el T, se encarga de destruir y exterminar todas estas células que ya están afectadas por el virus utilizando una proteína llamada interferón. Con el paso de nuestras vidas, el sistema inmunitario adaptativo, el que he descrito, y el sistema inmunitario innato que es el que posee cada célula individualmente para defenderse, provocan un desequilibrio y hacen que el interferón sea menos efectivo y no sea suficientemente eficaz para el exterminio de las células afectadas y por tanto la propagación sea muy invasora y rápida hasta llegara a provocar la muerte del individuo.
El contagio en muchas residencias de ancianos hace romper el orden de las estadísticas y los contagios en lugares tan vulnerables hace que el virus prospere vertiginosamente y provoque una mortalidad muy elevada.
En una pequeña residencia de ancianos de Palma, hizo que de  sus 26 residentes 24 quedaran infectados por el virus.

Foto: Toni Munar

La residencia fue obligada a cerrar hasta nuevo aviso y los dos residentes que se libraron del contagio fueron trasladados a otro geriátrico.

Foto: Toni Munar

Sigo la ruta y al pasar junto a un parque infantil veo a un  operario del  mantenimiento de limpieza como desinfecta los columpios de este. Tras haber hecho mis fotos pertinentes, el operario me hace una señal con la mano, se baja la mascarilla y mirando fijamente a Cris sin mirarme a los ojos, me dice que tendría que pedirle permiso y haberme identificado. Mi contestación es inmediata: le hago una señal a mi acreditación que esta sobre mi pecho, le recuerdo que esta en un lugar publico, que siempre suelo pedir permiso cuando lo veo necesario y que además con la mascara ni se le puede reconocer.

Foto: Toni Munar

De regreso a casa me sorprendo aun del estado de soledad de algunas calles, pero dentro de este estado solitario alguna sorpresa agradable me aporta. Entre estas calles solitarias un amigo mio me alegra la mañana al encontrármelo, se niega a que le haga una foto y hablamos durante un momento guardando las distancias que ordena el covid.

Foto: Toni Munar

Durante la tarde se siguen escuchando muy esporádicamente truenos en la lejanía, la lluvia se hace presente tímidamente y por momentos; se espera una noche lluviosa. bienvenidas golondrinas.

Y mañana será otro día...
  




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