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viernes, 24 de abril de 2020

DIA-XLI

Me doy cuenta por primera vez en lo que llevo de confinamiento que a todo nos adaptamos e inmunizamos, solo es cuestión de tiempo. La soledad que antes me estremecía y me asombraba ahora ya solo me parece... ¿Anecdótico? Me pregunto sin encontrar la palabra adecuada, pero tal vez si es la mas acertada. Los sentimientos tan desgarradores que sentía los primeros días ya no son tan intensos, la frialdad se ha convertido en costumbre, el silencio en un modo de comunicarse y la soledad es una resignación.

Foto: Toni Munar

Foto: Toni Munar

Si durase muchísimo más tiempo una pandemia, el sentido que antes perdería sensibilidad seria el tacto. Tememos a tocar y a tocarnos, el codo se ha convertido en la articulación protagonista de este confinamiento, tosemos en el y nos saludamos de esta forma, codo con codo. Las manos, la extremidad mas representativa del sentido del tacto, ha pasado a un segundo termino y ademas las ocultamos bajo guantes y las destrozamos de tanta limpieza y de sustancias agresivas para ellas, abrimos puertas con codos, brazos o pies sin hacer uso de nuestras manos y lo poco que tocamos con  ellas no notamos su plena sensación ya que las miles de ramificaciones nerviosas que tenemos sobre
todo en los dedos, son engañadas por unos guantes que las aíslan. Y hablando de manos, ayer me prestaron un móvil nuevo ya que el que tenía pedía a gritos una jubilación y con ellas, con mis manos, estado manipulándolo prácticamente todo el dia al no ser muy diestro en tecnologías. La nariz y la boca, es decir olfato y gusto los castramos, el organismo, durante la pandemia parece que nuestro organismo tiene miedo a oler, como si fuera símbolo de contagio, el gusto solo lo tenemos presente en la intimidad en nuestros hogares ya que no podemos hacer uso de el en ningún lugar publico, y no quiero dejar pasar que ambos sentidos están ocultos también bajo una mascara. El oído, también se relaja bajo los efectos de la pandemia pero al mismo tiempo también se agudiza, sonidos que tal vez antes pasaban desapercibidos ahora son perfectamente audibles por el exceso de silencio, paseando por según que calles me era imposible escucharme mis propios pasos o incluso el roce del pantalón al chocar pierna con pierna. La vista si que es la que menos cambios a sufrido en una pandemia, hacemos el mismo uso y ni la ocultamos ni protegeos y tanto es así en el exterior como en el interior.

Foto archivo,Toni  Munar


Tras desayunar entro a las nueve en antena ocupando media hora del matinal, fríamente, por vía telefónica. A eso si que aun no me he acostumbrado, echo de menos el plató, los micros, las tertulias, las discusiones, los comentarios de prensa, algunas veces divertidos y jocosos, y sobre todo el buen ambiente que se respira. Todo esto se ha reducido a una simple llamada telefónica, como la que te puede hacer cualquier tele-operador  con un cierto tiempo de duración.

Aunque no lo repita, los elogios y aplausos recibidos por el personal sanitario de parte de los ciudadanos desde sus balcones y ventanas se siguen repitiendo a las 20 horas como cada día.

Y mañana será otro día...