El día amanece como el de ayer, nublado pero solo amenazante de lluvia, sin embargo las calles están húmedas, testigo que de en algún momento de la noche ha llovió.
Me despierto, abro las persianas, me asomo al balcón, desayuno y mientras lo reposo, leo las noticias del día.
Si ayer hable de reiteración, hoy hablo de duda, y eso hace que se retrase mi salida.
Es cierto, en estos momentos todo es fotografiable,me digo a mis adentros mientras me pregunto donde puedo encontrar algo que no caiga de nuevo en la reiteración. testimoniar cualquier cosa puede ser curioso y tal vez hasta interesante ¿Pero donde? Me pregunto mientras limpio la lente de Cris, operación que olvido hacer desde hace unos días sin olvidarme de desinfectar su cuerpo cada vez que salimos de casa. Sosteniendo aun a Cris entre mis manos me viene la inspiración. Hoy toca suburbios, me digo a mi mismo.
Tras haberme vestido, preparar mi mochila y cargármela a la a la espalda, salgo de casa con Cris en la mano y al pisar la acera me doy cuenta que me olvidado algo imprescindible y que me evitara dar muchas explicaciones, la acreditación; subo de nuevo a casa y tras colgármela al cuello decido ya emprender la marcha.
Nada pisar la calle, algo me llama la atención a escasos metros de mi. Oigo una niña de muy corta edad, en la calle acompañada de su padre, hacia días que no veía un niño por la calle y eso me hace sonreír. Cuando me acerco a la patriarcal pareja, no puedo resistirme decirle al padre que llevaba días sin ver un niño., el padre sonríe y dice que la pobre llevaba mas de tres días sin salir y que en casa no tienen ni terraza ni ningún sitio donde la pobre pueda explayarse, como justificando su salida. El padre se queja de lo difícil que es la situación para estas criaturas mientras la niña, de poco mas de dos años, no para de hablar en su idioma inteligible, de saludarme y lanzarme besos con la mano, conducta que me hace estremecer y que inevitablemente me traslada durante un instante a una pregunta existencial ¿Que futuro les depara?
El cámara y un locutor del equipo de TVE están en la desértica y céntrica calle San Miquel, al vernos nos saludamos me detengo hablar con ellos ya que aun preparan la grabación y no interrumpo; En plena charla, un hombre sexagenario pasa a nuestro lado, tal vez la única persona que pasa mientras dura la conversación -Joder con la prensa...una bomba os metería a todos- nos grita de forma agresiva, hacemos oídos sordos entre muecas y seguimos la conversación como si no lo hubiésemos oído.
Sigo mi ruta para comprobar como se comporta la gente de un barrio marginado y degradado como es el barrio de Corea. Un lugar conflictivo,estigmatizado por la delincuencia y la conflictividad social, constituido por viviendas de pequeñas dimensiones y con pésimas calidades de servicios, donde reina el abandono en cada rincón. Lugar perdido de la mano de Dios que ni por asomo aparece en las rutas turísticas, que sus residentes reclaman desde hace años una reestructuración que todas las nuevas legislaturas al ayuntamiento prometen en su campaña electoral, pero que siempre termina en agua de borrajas.
| Foto: Toni Munar |
| Foto: Toni Munar |
La presencia policial como es habitual sigue brillando por su ausencia en un barrio como es Corea. La actividad del barrio es como cualquier otro, calles desiertas y silencio reinante. Hasta el miedo al covid ha llegado a Corea.
| Foto: Toni Munar |
| Foto: Toni Munar |
Ya de regreso, vuelvo a caer en una reiteración tanto de pensamiento como de acción. Los parques infantiles callejeros me siguen llamando la atención y me estremecen desde que los vi desde los primeros días del aislamiento. Parques sin bullicio sin griteríos y sonrisas infantiles, parques que esperan algún día volver a ser protagonistas de las tardes del ocio infantil.
| Foto: Toni Munar |
Las alejadas y sonoras bocinas de los barcos se dejan oir de nuevo entre los aplausos de la gente que se asoma a las ventanas en el ya ritual ceremonia de cada dia a las 20 horas.
Y mañana será otro día...