Otra mañana lluviosas, el día de ayer debió ser de tregua sobre la borrasca que esta sobre el archipiélago que va y viene. Leo las noticias desde la cama como hago cada mañana y me doy cuenta que mi indignación latente con la que me he despertado, va creciendo paulatinamente a modo de titulares que voy leyendo.
Tras desayunar me visto y salgo a comprar, en la puerta del supermercado me extraño al no ver cola y entro directamente sin ningún reparo, a los pocos pasos alguien me grita diciéndome que vuelva atrás, obedezco y me pongo en una cola de unas cinco personas. Dos guardias jurado controlan la organización, uno se encarga de mantener los turnos de entrada y a los despistados como yo, otro va repartiendo guantes y gel para las manos. Cuando llega mi turno me doy cuenta que la mujer que tengo frente a mi en la cola no le ofrecen ninguna de las dos cosas. Mientras me estoy poniendo los guantes tras haberme desinfectado las manos con el gel, caigo en la cuenta de lo absurdo que es este ritual y no entiendo como el de la organización del negocio del supermercado no se ha dado cuenta. Me explico. Se supone que al venir de la calle tienes que desinfectarte las manos como hacemos en casa la llegar de la calle, pero si vienes desde la calle y entras a un supermercado con tus propios guantes, ni te los ofrecen para que te los pongas encima o tampoco te dan gel para que los desinfectes ¿Solo han pensado con la gente que viene con las manos desnudas, no son conscientes que quien puede intoxicar los envases son los que vienen de la calle con guantes, de verdad no han sido capaces de pensar en ello? Esto es tan absurdo como cundo entro la normativa del cobro de bolsas de plástico por cuestiones ecológicas. Al pasar por el escaner los productos de compra la operación siempre terminaba con la misma pregunta-¿Quiere bolsa? Y al oír esa pregunta yo no podía, ni puedo evitar sonreír sarcásticamente al mirar todos los productos que me llevaba envueltos en varias capas de plástico. Esta claro que esto son normas que están pensadas únicamente para que se cumplan, pero no para cuestionarlas por muy absurdas que sean.
Durante toda la tarde sigue llovizneando, decido no salir y dedico el tiempo en matarlo dedicándolo a mis lecturas y a canalizar mi estado de indignación que hoy esta mas presente de lo habitual, escribiendo un anexo para este diario dedicado a toda la clase política mundial.
Los aplausos y las sirenas policiales se repiten a las 20 horas como cada día.
Y mañana será otro dia...

