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martes, 31 de marzo de 2020

DIA-XVII

El día vuelve amanecer nublado, aunque no amenazante de lluvia. 
Aun en la cama, leo las noticias del día, parecen más esperanzadoras.pero por desgracia es demasiado pronto para cantar victoria.
Aun con cara de sueño y bostezando, me asomo al balcón, una acto asombroso que veo en la calle me termina de despertar súbitamente. Un hombre de edad avanzada escupe sonoramente sobre la acera; gesto que hacia muchísimo tiempo que no veía, actitud que se me hace incomprensible y mas en estos momentos donde la higiene es mas importante que nuncay. Mi deseo  inmediato me ha llevado a decirle algo desde el balcón, pero he refrenado el deseo por no  interrumpir el sueño de los vecinos y por no dejar en evidencia a un hombre de avanzada edad. Aun preso de mi sorpresa, me dedico a desayunar tranquilamente,me aseo, me visto, preparo mi mochila, a mi inseparable Cris y me pongo los guantes de latex. Por primera vez me doy cuenta que las manos me duelen al hacerlo. No es que sea alérgico al latex ni a ninguna sustancia plástica parecida, pero si que mis manos son una lugar de mi cuerpo de excesiva sudoración y no precisamente por el calor, mas bien diría, que es un regulador de mi estado de animo, sean por buenas o malas sensaciones, las palmas reaccionan con transpiración y si ademas,como me ocurre ahora, las cubro varias horas al día con algo tan poco transpirable como es el plástico mis delicadas extremidades se resienten y acaban agrietando la piel.
Según el parte meteorológico dan mas previsión de lluvia por la tarde que por la mañana y por tanto quiero aprovechar la mañana para cumplir mi ruta diaria. Esta vez, aprovecho para cubrir alguna barriada y abandonar lo que es el centro.
Pero de camino, me sorprendo al darme cuenta que cada día paso junto a uno de los accesos del parc de ses estacions y aun no reparado en comprobar como le afecta la soledad a un parque que, aunque no es para nada el mas extenso de Palma, si es el mas céntrico y concurrido. 
Lugar de paseo, de running, de paseos en bicicleta, de practicas matutinas de "taichi", de parques infantiles, de estudiantes y parejas adolescentes tumbadas sobre el césped, de músicos y artistas que comparten su talento, de iluminados domingueros que recitan evangelios a voces, de pistas de hielo y cachivaches navideños y ahora solo quedan sus cinco accesos cerrados a cal y canto.

Foto: Toni Munar
 
La vida en las barriadas sigue siendo diferente,el va y ven de la gente es más fluido y las colas que se forman en los accesos de los supermercados son más extensas pero igualmente silenciosas. Así es difícil sentir esa soledad y frialdad como la que se siente en zonas mas céntricas; en general ambiente callejero es más animado y más cálido, aunque se nota no tan acusadamente la falta de actividad normalizada. 
La seguridad también es reinante en los barrios, lo cual me alegra que las quejas de algunos vecinos, sobre todo en los primeros días, surgieran efecto.
En la plaza Miquel Dolç, a la entrada de Son Gotleu un pequeño reten policial va parando los vehículos y anotando todas las matriculas de los que se adentran al barrio.

Foto: Toni Munar

Tras haberle hecho las fotos de rigor, me estoy dando cuenta que estoy cayendo en la reiteración de la situación.
Pero también es cierto que vivimos un momento que todo nos puede llamar la atención sin que antes nos la diera minimamente.
Como este bazar chino que va siendo abastecido o vaciado, ya que no pude aclararlo con certeza...

Foto: Toni Munar

gente así vestida por seguridad, mientras descansa entre la jornada laboral...

Foto: Toni Munar

controles a peatones...

Foto: Toni Munar

mismos mensajes y mismos carteles colgados de fachadas...

Foto: Toni Munar

mismas tenderas de un mercadillo esperando a clientes...

Foto: Toni Munar

mismos controles militares al volver de nuevo al centro...

Foto: Toni Munar

Y mismas calles desiertas.. todo es fotografiable sobre todo porqué lo que estamos viviendo es único e inolvidable.

Foto: Toni Munar

A las 20 horas se repiten los aplausos como ya es tradición.

Foto: Toni Munar

Y mañana será otro día...