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lunes, 13 de abril de 2020

DIA-XXX

Detesto que mi organismo y mi cuerpo siempre tenga razón, pero mas detesto aun, que a estas alturas de mi vida, a veces se me pase por alto, las consecuencias de mi estado de animo y mis dolencias debido a los cambios climatológicos bruscos. Ayer pase un día intranquilo, con mal estar general e incluso con animo decaído. Las gotas de la lluvia chocando contra la persiana de mi dormitorio me han despertado varias veces durante la noche. Al despertar definitivamente me doy cuenta de que la lluvia era un reflejo de mi estado de ayer.
Me asomo al balcón, la calle esta mas desierta que nunca, pero hoy con más razón ya que la lluvia no deja de caer y no precisamente de forma discreta. El silencio tan presente desde que el trafico prácticamente a desaparecido me hace oír la lluvia de un modo distinto, como si estuviera junto a un río y el agua corriera caudalosamente, jamás había oído caer así la lluvia estando en la ciudad, otros sonidos acallaban el de las gotas al chocar contra el suelo. El recorrido del agua,que estas marcan en la calzada, creando pequeños riachuelos que mueren bajo las rejas de las entradas a las cloacas, creía hasta hoy que eran testigos mudos; hoy por primera vez, oigo el agua correr con total claridad, un agua limpia y trasparente, cosa que también me sorprende, sin ese color parduzco e insano, típico de riachuelo urbano que suele arrastrar papeles, colillas, plásticos y de vez en cuando alguna hoja olvidada caída de algún árbol, que terminan acumulándose en las rejas y a veces hasta atorandolas; esta vez el agua hace su recorrido inmaculado, corriendo con total impunidad y entrando con la misma soltura al subsuelo sin ver nada que intente impedírselo.
Me agrada y me relaja ese sonido, y decido desayunar en el balcón acompañado de esa espectacular banda sonora que me brinda el momento. Al rato me doy cuenta que mi rostro marca una sonrisa permanente mientras veo caer las gotas a poca distancia de mi, el momento solo me crea paz y una huida momentánea de la realidad que no deseo que termine.
Termino de desayunar y quiero seguir saboreando el momento, al mirar el cielo, me doy cuenta que no hay ninguna intención inmediata para que deje de llover. Leo las noticias sentado en el balcón y dedicándoles más tiempo de lo habitual. El balcón se vuelve mi refugio para el resto de mañana, sobre las 13 horas deja de llover, durante la tarde las nubes escampan y vuelvo a la realidad. 
Hoy cumplimos 30 días de aislamiento y aun sin saber hasta cuanto durara esto, pero una cosa si es segura, que pase lo que pase, y dure lo que dure ya estamos mas cerca del final.

Y mañana será otro dia...