Nada más despertarme, me doy cuenta que hoy es viernes Santo, e inevitablemente, me sorprenden recuerdos de infancia de ese día. La casa olía a productos típicos de las fechas, como robiols , panades y crespells horneándose, que preparaba mi madre mientras tarareaba. me acercaba a la cocina y tras darle los buenos días miraba alguna bandeja que ya estaba lista para comer, cuando veía que mi mano se levantaba más arriba de la cintura, mi madre me decía con voz firme -no los toques,aun no puedes comerlos, la pasta esta muy caliente y te sentara mal-no entendía porque me contestaba lo de la masa caliente si la gente se come, disfruta del pan recién hecho no le sentaba mal- por cuestiones de masa,no todas son iguales-me contestaba. Nunca he sido goloso, pero esa contestación me parecía una excusa fácil para que no cayera en la tentación de adelantarme a los acontecimientos y el protocolo de incumplir el momento que tocaba comerlos. Sentado ante la mesa de la cocina con mi bol de leche con galletas desayunaba mientras la miraba con su delantal manchado de harina que iba recogiendo y limpiando cacharros que había utilizado mientras me lanzaba alguna sonrisa. Recuerdo el momento con una atmósfera cargada de un agradable olor, calor, tranquilidad y paz, paz que se rompía siempre al entrar una de mis hermanas a la cocina preguntado por algo o simplemente por ver como iba el horneo.
Abro las persianas, el día amanece apacible y con carácter primaveral sin ninguna nube y un cielo con unas tonalidades azules que presagia que el día sera así durante toda la jornada, pero ya se sabe que el clima mediterráneo es como su mar, imprevisible y tan variante como nuestro carácter, el de los mediterráneos.
Leo las noticias desde la cama, así como ayer me indignaron, hoy me dejan un sabor indiferente sin aportarme un ápice de conocimientos y mas reiteración sobre el tema del covid19.
Me asomo al balcón y no veo a nadie en su acera y ningún coche circulando por la calzada, supongo que al ser festivo y por la situación sobre todo, es lógica esta exagerada soledad. Mientras desayuno decido quedarme en casa escribiendo, bueno ya lo tenia decidido desde ayer, ya sabía lo que tenia que escribir y también convencido de dar tregua a Cris y dejarla tranquila también como hice ayer.
La mañana me pasa rápido entre escritos e información que tengo que ir ordenando. Durante la tarde mi sensación de tiempo se ralentiza mientras mi ensimismamiento crece a ritmo de añoranzas y recuerdos, de mujeres que me han dejado de amar a lo largo de mi vida y añoranzas de lo que me han aportado.
Y mañana sera otro dia...

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