Desde que ha empezado la primavera mi cuerpo no ha sido consciente hasta hoy de su presencia. Aunque el día este soleado, mi sensación es puramente intuitiva, por primera vez siento y noto ese olor a primavera, esa luz ya tan especial que hace cambiar y ver los colores mas vivos, con un cielo mas azulado y mas vivo.
Me tumbo en la cama a repasar las noticias del día. Las noticias, tanto locales como nacionales vuelven a ser unánimes al referirse a las cuatro fases que componen el final del confinamiento. La primera fase la 0, ya empezó como dije el pasado domingo con la salida de niños menores de 14 años acompañados de adultos y que terminara con la segunda y ultima parte de fase que se espera para el próximo día 2 de mayo.
Las normas son sencillas y básicas: pasear o hacer deporte de forma individual y apertura de locales con cita previa, atención exclusiva y solo una persona.
La siguiente fase, la 1, no entrara en vigor hasta el próximo 11 de mayo exceptuando Formentera que ya lo hará a partir del día 4. Esta fase ya es mas permisiva, apertura de hoteles excluyendo las zonas comunes, de lugares de culto, de terrazas y de pequeños comercios.
A media ruta, me encontrado una amiga con la que terminamos entablado una larga conversación, dentro de lo que caben las circunstancias. Nada más verme me ha dicho algo que me ha dado de pensar y al mismo tiempo entristecerme.
-Que abrazo te daría ahora mismo, Toni- me dice bajo la mascarilla y manteniendo la distancia de seguridad en todo momento.
-Hace unos días oí, que todo el mundo echa de menos estas actitudes, nadie se acuerda de lo material, añoramos el calor humano, una caricia, una carantoña, un beso, un abrazo, lo que sea...
-Ha sido lo primero que he pensado al verte, y me he tenido que contener, que frío...!!vaya mierda¡¡... aquí hablando a distancia y bajo una mascarilla, ni las caras podemos vernos...
-La próxima vez me lo darás- le comento sonriendo.
-Eso espero. Te daré el de hoy y el de cuando nos volvamos a ver-me contesta intuyendo que sonríe al ver la tensión de los pocos músculos de su cara que no oculta la mascarilla.
Al llegar a casa, me quito la mascarilla y mientras me lavo las manos a conciencia como hago siempre, me doy cuenta que los ojos me lloran mas de lo habitual y la piel de mi cara esta rugosa como si estuviera cubierta de una ligera y fina capa de arena, el viento que me ha acompañado todo el trayecto no para de levantar polen y mi cara y mis ojos se han resentido. Mientras me lavo la cara no puedo evitar pensar en la gente que tiene alergias, las mascarillas para ell@s serán más útiles para estas afecciones y no las del covid.
Y mañana será otro día...
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