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lunes, 27 de abril de 2020

DIA-XLIV

El día amanece nublado, pero no amenazante de lluvia. Me vuelvo a tumbar sobre la cama tras abrir las persianas y repaso la prensa como cada día. Tanto la prensa local como la nacional se centran en la salida de los niños a la calle, y resaltando que en algunos lugares de la península, la salida ha sido masiva, abusiva  e incontrolada, todo lo contrario aquí, que pude comprobar que fueron muy respetuosas y el resto de la prensa me lo reafirma.
Lunes, primer día laboral desde que se ha decretado la nueva normativa de que los niños pueden salir a la calle y eso me motiva a salir. Desayuno, recojo, me ducho, me visto, todo con total tranquilidad, y decido salir a la calle.
El ambiente es tranquilo, las mismas colas en supermercados y en oficinas bancarias y algún que otro niño esplayándose en plazas y zonas peatonales, pero de una manera muy discreta y controlada.

Foto: Toni Munar

Los controles y las patrullas policiales son mas numerosas y mas se dejan ver desde ayer. En esta jornada no he hablado con ningún agente del orden tan solo con un foto periodista que en varias ocasiones nos hemos cruzado entre calles desiertas y solitarias.

Foto: Toni Munar

-Aquí dando vueltas-me dice tras saludarnos.
-La verdad es que sí. Llega un momento que ya no sabemos donde ir ¿Verdad?
-Hay que moverse, hay que ir por todo, todo es fotografiable- me repite exactamente lo mismo desde la última vez que lo vi.
En otras circunstancias, seguro que nos hubiésemos dado la mano como hacíamos antes del confinamiento, la comunicación hubiese sido diferente, mas cercana, mas extensa y no tan cordial y fría.
Desde que ha empezado el confinamiento la comunicación en la calle se ha convertido prácticamente en  telegráfica, frases rápidas, directas, contundentes y cortas, la mirada no se centra exclusivamente en los ojos, se va combinando en ojeadas a nuestro alrededor. El distanciamiento nos hace perder ese calor humano y efectivo que tanto echamos de menos y el lenguaje corporal delata gestos de brevedad  y prisa durante la breve charla. Las charlas de balcón a balcón o bien de balcón a pie de calle, también son habituales pese a la variedad de comunicación electrónica y a distancia de que disponemos y eso también hace cambiar el modo de actuar y de relacionarse. Desde que deambulo por las calles desde el primer día del confinamiento, soy consciente que el comportamiento de la gente en la calle ha cambiado, apenas nadie mira a los ojos al cruzarse con otro peatón, la mayoría van con la cabeza gacha, con paso decidido y si alguien se acerca en una acera estrecha no dudan en cruzar para evitar que pasen a su lado. 

Foto: Toni Munar

Estos comportamientos dejaran presencia y tardaremos tiempo en que salgan de nuestra memoria. Lo que vivimos es histórico, lo histórico perdura,  lo que perdura deja huella, lo que deja huella,  deja marca, y lo que marca, lo hace en muchos aspectos.

Y mañana será otro día...


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