Me he despertado con dolor de cabeza y mal estar general y pensando que los aprensivos, cosa que no me considero para nada, estos días deben ser los que contribuyen también a que las urgencias se colapsen. Pero en situaciones tan extremas como las que estamos viviendo seguro que algo de aprensión se no has pasado por la cabeza en algún momento, preguntas como: ¿Y si lo tengo y no se me manifiesta, tal vez contagio a alguien? O teniendo cualquier síntoma catarral leve, pensar ¿Puede que tenga el coronavirus? y acto seguido, después de esta pregunta,hacer uso de recuerdos y pensar donde lo pueden haber contagiado. Lo que motiva a pensar todas estas cuestiones es la información que tenemos y los pocos antecedentes en pandemias que nuestra generación ha vivido. Por eso pienso que lo mejor es buscar la información concreta y no empaparse de todo lo que oímos y creemos. Internet es una herramienta muy útil pero al caber todo tipo de opiniones también puede ser perjudicial, y no voy al extremo de hablar de noticias falsas, simplemente de opiniones poco veraces.
En momentos así como los que vivimos la ignorancia es una grado, sobre todo para mantener una salud mental y no caer en la autosugestión.
Me levanto de la cama tras leer la prensa como cada día, desayuno más perezosamente de lo habitual debido a mi mal estar, me siento en las sillas del balcón ya que el día parece apacible, y mientras organizo mentalmente mi agenda del día oigo una conversación de la calle sin que mi sistema auditivo tenga que hacer el mas mínimo esfuerzo para escucharla; eso sería impensable antes de la cuarentena, por mucho que se gritara el sonido urbano lo acallaría y menos aun podría entenderse claramente de lo que estan hablando. Pero eso no es así, la conversación se puede entender perfectamente, deduzco por los tonos que es una conversación entre un hombre y una mujer y es el mayoritariamente quien acapara la charla.
-El sábado sobre todo en mi zona había unas cola en el super que no veas...
-¿Donde vives?
-En Reyes Católicos.
-Por mi zona también había colas en los supers.
-Ya...pero es que además por el barrio se iban paseando los militares preguntando a todo el mundo... hay que ver...
Bien, pienso al escuchar esto, y dejo de prestar atención a la charla. Las quejas de los mismos vecinos de las barriadas han surgido efecto, y los cuerpos de seguridad no han hecho oídos sordos y han repartido por igual los controles tanto en el centro como en las barriadas, y eso me alegra saber que la lógica los ha llevado actuar así. Oigo que siguen charlando, la curiosidad me hace levantarme de mi silla y asomarme y veo a dos mujeres de la limpieza que llevan las mascarillas a la altura del cuello por que aprovechan un parón en su jornada para fumarse un cigarrillo. Al verlas no puedo contener una sonrisa al haber confundido a una de ellas con un hombre.
La primavera ya se deja notar, las sillas la mesa y el balcón en general están cubiertas de polen y aprovecho para limpiar.
La acción me ha llevado a encontrarme un poco mejor, el mal estar desperece y la jaqueca se vuele mas soportable. Tras varias dudas y excusas que me impongo decido salir a dar la vuelta de reconocimiento de rigor. Hoy es lunes, pienso, la actividad de la estación intermodal es frenético en una mañana laboral, es un buen lugar para contrastar lo estragos de la cuarentena.
Llego a la entrada de la estación cruzandome con muy pocas personas; las escaleras mecánicas que utilizan casi 20000 personas al día, que bajan a lo que es la estación de metro y tren están desiertas y por los tornos de acceso pasan un contadisimo numero de personas, tal vez ni llega a una veintena durante el tiempo que estado alli.
| Foto: Toni Munar |
| Foto: Toni Munar |
Mi mal estar general me dice que regrese a casa, me quedo sin salir durante toda la tarde. Los aplausos se repiten como cada día a las 20 horas...y mañana será otro día.
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